La dermatitis atópica, llamada comúnmente eccema (o eczema) atópico, es una enfermedad alérgica inflamatoria de la piel que se
caracteriza por causar picor intenso, enrojecimiento, edema, descamación, formación de vesículas, piel muy seca, sensible y fácilmente irritable.
Es una enfermedad recurrente, porque suele presentarse alternando periodos de empeoramiento y de mejoría; recaídas y remisiones.
Se manifiesta principalmente al principio de la infancia y suele remitir a partir de los 4 años, aunque los brotes podrían repetirse a cualquier edad.
Es muy común. Según la ADEA (Asociación familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica), en España, aproximadamente el 10% de la población padece dermatitis atópica, y su incidencia va en aumento.
Está estrechamente vinculada a los trastornos alérgicos (asma, rinitis y conjuntivitis estacional). Las personas afectadas son más propensas a sufrir asma y rinitis, conjuntivitis y dermatitis por contacto durante la exposición a alérgenos. Además, la dermatitis atópica se presenta más frecuentemente en personas con antecedentes familiares o personales de alergia.
Los factores desencadenantes o agravantes de los brotes de eccema atópico pueden ser varios:
- El contacto con sustancias irritantes (productos para la higiene no adecuados, sustancias químicas agresivas, ropa de vestir o de cama elaborada con fibras textiles ásperas, etc.).
- Los factores ambientales (alérgenos inhalados con la respiración o con los que entramos contacto a través de la piel).
- Los cambios repentinos de temperatura y las condiciones climáticas severas.
- La alimentación.
El estrés puede agravar el eccema atópico.
Última revisión: abril de 2010